
"No era posible, usted lo sabe, para un poeta vivir de su arte, aun rebajándolo muchos grados, cuando ingresé en la vida. Habiendo aprendido el inglés simplemente para leer mejor a Poe, partí a los veinte años a Inglaterra, con el fin de huir, principalmente, pero también para hablar la lengua y enseñarla en un rincón, tranquilo y sin otro ganapán obligado: me había casado y eso apremiaba.
Hoy, más de veinte años después y a pesar de la pérdida de tantas horas, creo, con tristeza, que he hecho bien. Es que, aparte los fragmentos de prosa y los versos de mi juventud y la continuación, que le hacía eco, publicada un poco por todas partes, cada vez que aparecían los primeros números de una revista literaria, he soñado siempre e intentado otra cosa, con una paciencia de alquimista, listo para sacrificarle toda vanidad y toda satisfacción, como quemaban antaño su mobiliario y las vigas de su techo, para alimentar el horno de Gran Obra. ¿Por qué? Es difícil de decir: un libro, simplemente, en muchos tomos, un libro que sea un libro, arquitectónico y premeditado, y no una colección de inspiraciónes al azar, así sean maravillosas... Iré más lejos, diré: el Libro persuadido de que en el fondo no hay más que uno, intentado sin saberlo por quinquiera haya escrito, incluso los Genios. La explicación órfica de la Tierra, que es el único deber del poeta y el juego literario por excelencia: porque el ritmo mismo del libro entonces impersonal y viviente, hasta en su paginación, se yuxtapone con las ecuaciones, u Oda.
He aquí la confesión de mi vicio, puesto al desnudo, querido amigo, que mil veces he rechazado, el espíritu afligido o cansado, pero eso me poseé y lo lograré tal vez; no hacer esa obra en su conjunto (¡se necesitaría ser no sé quién para eso!) sino mostrar un fragmento ejecutado, hacer centellear por un lapso la autenticidad gloriosa, señalando así el resto todo entero para el cual no basta una vida. Probar por las porciones hechas que ese libro existe, y que he conocido lo que no podré realizar."
El fragmento pertenece a la carta que el poeta envía a Verlaine -el 16 de Noviembre de 1885- y en la que encontramos tal vez una de las mayores aproximaciones al centro de la búsqueda mallarmeana: el Libro, sentido del ejercicio poético, etc. Haciéndose eco -acaso- de algunas inquietudes de Flaubert, la exploración de Mallarmé nos alcanza y nos interpela desde la obra de Lezama Lima hasta la de Borges o la de Girri.
Después de mucho tiempo de estar agotado o de hallarse sólo en algunas revistas, ahora lo podemos encontrar en la hermosa colección "Fenix" de Ediciones del Copista, bajo el título, precisamente, "Cartas sobre la poesía"

Otros títulos disponibles de la editorial:
"La poética de Mallarmé" de Ives Bonnefoy
"Poesía" de Gerard de Nerval
"Poesía" de Takis Varvitsiotis
"Revista Fénix" (Casi todos los números)