miércoles 13 de agosto de 2008

Un Poeta Transamericano / Haroldo de Campos

OSAKA
jardín de piedras

piedra piedra piedra
arena
piedra
en la arena peinada

monjes de piedra
conversando piedra
en un conciliábulo
de arena y
piedra

dos leones rampantes
guardan las gradas del templo
boca abierta: respirar la vida
boca cerrada: retardar el fin

el tiempo se deja peinar como la arena
y tiene el color
sereno
del té
que nos sirven


GENJI MONOGATARI

bajo la luna
de agosto
del año 1004
lady murasaki
escribió aquí
las historias de genji

puedes verla
esplendor de seda
-kimono blanco
violeta y verde-
en el acto de:

mujer-mariposa
posada junto al borde
de su tintero


TEMPLO DE ORO: KIMKAKU JI

hojas de oro
todo oro

tanto oro
que los ojos se dejan
foguear
en una llamarada
amarilla

el monje
que lo incendió
tuvo celos
de su
intolerable
belleza

MATSUKAZE

matsukaze
muchacha pinoviento
danza
en el kimono rojoplata:
ataviada de príncipe
ademán y abanico
la amada se transforma en el amado

treinta años para ver esa danza

ahora que la he visto
ya puedo devolverla
intacta
a la memoria de Dios


EL POETA EZRA POUND DESCIENDE A LOS INFIERNOS

no al limbo de los que
nunca estuvieron vivos
ni siquiera
el purgatorio de los que esperan
sino al infierno
de los que perseveran en el error
a pesar de alguna contrición
tardía y de la silente senectud
-directamente con rectitud-
el viejo ez
ya fantasma de sí mismo

y en tanta perdición
cuánto fulgor de paraíso



Haroldo de Campos: hace 'media hora' que empezamos a leerlo y ya 'decidimos' que es un amigo. Un amigo del camino: otro amigo más para caminar. Primero (tiempo atrás) habíamos hojeado alguno de sus ensayos en 'Crítica de la razón antropofágica (y otros ensayos)' (SXXI) o en 'Del arco iris blanco' (Adriana Hidalgo) o 'Brasil transamericano' (El cuenco de plata). Nos habíamos acercado para indagar sus singulares perspectivas y ejercicios en el campo de la traducción o con el deseo de conocer su posición respecto de tal o cual asunto o problema o de tal o cual autor. Su obra poética nos era prácticamente desconocida -o sólo nos había alcanzado parcialmente a través de alguna antología de la poesía brasilera o de alguna revista más o menos especializada. Recientemente se nos reveló -y se nos reveló definitivamente- con la lectura de 'Crisantiempo': un libro que expone una de las experiencias más bellas y arriesgadas de la lírica de nuestro tiempo. Mientras tratábamos de determinar qué poemas transcribir no dejaban de venir a nosotros las voces más diversas y silenciosas: la de Mallarmé, por ejemplo, soñanado 'una obra perfectamente delimitada', 'un libro arquitectónico y premeditado, y no una antología de inspiraciones azarosas por resplandecientes que sean' -acaso por la textura del libro. O la de Rilke -casi diciéndose a sí mismo: 'Las obras de arte son siempre el producto de un peligro corrido, de una experiencia conducida hasta el fin, hasta el punto en el que el hombre ya no puede continuar' -acaso por el riesgo o los riesgos a los que el poeta se entrega.
Andrés Sánchez Robayna -a cuyo cargo estuvo la traducción al castellano editada por 'Acantilado'- escribe un prólogo cuya lectura recomendamos por la lucidez de sus indicaciones y observaciones.