jueves 17 de julio de 2008

LIRICA FINAL / JOAQUIN GIANNUZZI



Premio Pulitzer.

Los niños despavoridos
alzan los brazos en la carretera bombardeada
por la democracia del napalm.
Hay un cielo humoso que ha resignado su inocencia
sin preguntar qué sucede con las lágrimas
o si acaso el dolor no tenía ya lenguaje suficiente.
La fotografía planea
hacia el escritorio del presidente como un naipe
y pierde la apuesta: no logra detener la guerra.
Entre la imagen y los ojos
del Gran Magistrado circula una sombra
que de pronto es coagulada
para que el imperio devore su petróleo mortal.
Pulcro y contra natura, tiene ante sí
suficientes razones de estado, su bandera en la luna
y una familia sonriendo detrás del vidrio.
Pero no está en sus manos
hacer de la historia un lugar para vivir.

El estudiante

Inclinado hacia el libro ofrece
su atormentada cabeza
al cuchillo del conocimiento. ¡Cuidado muchacho,
que van a decapitarte! Su cerebro arde
como un rencor no resuelto, sometido
a la obligación de la tumba: todo lo que debe saberse
para después vivir por razones entumecidas.
Levántate y anda, patea la mesa, el lenguaje
de la vida que otros han consumido
para que nazca una relación creadora
entre tus ojos y el sol, el yo
libremente encadenado a los días personales.

Llamando a Rimbaud.

Pero qué ocurre
con tu esqueleto sin intervenir:
aquí está occidente cocinándose
en su agonía sucia, pero indemne todavía
a la espina iluminada
que le clavaste en su costado.
Qué tal entoces una instantánea resurrección
regresado a tus ojos azules
y a tu pierna perdida
y venirte a bailar un rock con los muchachos.
Sería bueno que trajeras algo
del sol desesperado que devoraste en Africa
y la cólera de tu chispa de oro
para alumbrar la danza de la nueva vida.
Veníte a darles respiración sublevada
contra el viejo desierto,
ayúdalos a robar el fuego, a reventar el Super Shopping
y expulsar del planeta a sus altos funcionarios
con exactas escupidas
en la plena mentira de sus ojos.

N.N.

Desenterraron lo que quedaba
en un remoto cementerio.
(Los forenses parecían soñar fuera de la historia).
En el piso del cráneo yacía un plomo abollado
con entrada en el centro de la frente.
Todo un lenguaje: crimen y naturaleza muerta.
Los antropólogos estudiaron el agujero
astillado en los bordes
y la estructura dental cuyo mapa
guardaba un archivo, de una helada burocracia
a cargo de malhumorados burócratas.
El hombre que estuvo allí
respirando a puro cerebro
emitía ahora señales indescifrables
desde un terror asfixiado en la oscuridad:
un desconocido pidiendo su nombre
-honor al que tienen derecho perros y caballos-
el mismo con el que volvería a ser enterrado
grabado en una lápida rebosante de identidad:
un documento personal bajo el sol y la lluvia.

Ejemplo de una flor en general

Amaneció húmeda y violácea
con vestigios fríos de la noche.
Hundido en el centro
el núcleo dorado ofrecía su semen
al viento y las avispas. Engendradas
por el tallo articulado
con rocío en los bordes aserrados
las hojas se alzaban hacia la reina.
El conjunto se complacía
en una religión voluptuosa.
Osciló en el viento una coreografía
circular. Frente a la escena nadie
hubiera necesitado un pensamiento
para definir la belleza.

El carnicero.

Ni Rafael modelando con azul
el manto de la virgen
fue tan feliz como el carnicero de mi calle
cuando esculpe cada fragmento de carne.
Porque adora su oficio, el cuchillo
es su arma de precisión y conocimiento.
Su problema artístico es la repetición
pero tiene derecho
a una noción personal de la belleza.
Su ropaje blanco exhibe sin ostentación
la sangre del sacrificio de un ganado infinito.
Sólo le falta creer
en la gloria y resurrección de los cuerpos
sean de vaca, perro, o de señoras y señores.

Justicia para perros

En la calle, una anciana de rostro alucinado
pide justicia para los perros.
Al poder de este mundo y del otro
reclama para ellos una vida
de iguales años que los humanos.
¿Por qué tanto amor nos abandona,
tanta inocencia
tempranamente condenada
por un extravío de la creación?
!Qué solos estamos
en esta locura!
Yo tenía uno muy suave:
en sus ojos un reverbero de paraíso
y en sus colmillos se detenía el sol.


Poemas de Joaquín Giannuzzi. ¿Un tanguero existencialista? ¿un lírico pascaliano (y, por eso mismo, paradójico) perdido o abismado en los laberintos de la gran ciudad? (A veces, al leerlo, jugamos con la idea de que estamos leyendo a un Whitman que vio en qué se transformó -cómo se "realizó"
la promisoria democracia -el nuevo mundo que con tanta felicidad cantó). Sea quien sea y como sea: su entonación y su sintaxis (la fuerza de su emoción y la austeridad rítmica y verbal que la transmite -más algunos motivos que "retornan") lo hacen (para nosotros -tardíos lectores) un poeta amado:
inconfundible e indispensable.

Los poemas que copiamos pertenecen a "¿Hay alguien ahí?": Libro que recientemente nos acercó el propio editor Carlos Pereiro, quien, entre otras cosas, nos comentó que preparan una edición de los poemas póstumos de Giannuzzi próxima a poblar las librerías y pasearse ante nuestros fatigados ojos.

Otros títulos disponibles de Ediciones del Dock:
Poesía Completa / Jacobo Fijman.
El reloj biológico / Santiago Sylvester.
Sordomuda / Jorge Boccanera.
Obra Completa / Héctor Viel Temperley.